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La revolución PropTech que sigue en obra negra

  • Foto del escritor: Luis E Abarca
    Luis E Abarca
  • 30 nov 2025
  • 6 Min. de lectura

Sobre el papel, la historia suena perfecta: tecnología, datos, apps incorporados al sector inmobiliario que, por fin, podría dejar atrás la burocracia, las carpetas manila y los contratos impresos en letra 8. Sin embargo, la realidad es un poco menos glamourosa.


La industria PropTech ha crecido en todo el mundo y América Latina no se ha quedado atrás. Brasil, México y Colombia ya juegan en la primera división regional, con cientos de startups intentando digitalizar desde la renta de un depa hasta la compra fraccionada de un edificio completo. En México se habla de unas 135 startups PropTech, y la mayoría nació en los últimos cinco años. Esto se traduce en mucho entusiasmo, mucho pitch y muchos founders.


El problema es que el boom tecnológico, big data, inteligencia artificial, realidad virtual, blockchain y todos los buzzwords del combo, no siempre se traduce en negocios sólidos. Muchas empresas se han quedado a medio camino, otras han tenido que pivotar y varias más simplemente no lograron despegar. Y no es un drama exclusivo de México: en Europa, cerca de la mitad de las PropTech factura menos de 500 mil euros al año. Mucho ruido, pocas utilidades.


Un ecosistema joven y en desarrollo

Latinoamérica presume un ecosistema PropTech en construcción: dinámico, sí, pero todavía verde. Los fundadores se topan con un combo complicado: poca mentoría especializada, capital temprano escaso, regulación enredada y un mercado inmobiliario que sigue amarrado a la carpeta física.


En México, la cosa se complica más por la tradición: trámites notariales presenciales, contratos que hay que firmar con pluma y procesos de validación que parecen diseñados para otro siglo, y que así lo fueron. Aun así, han surgido clústeres, programas de aceleración y una comunidad PropTech cada vez más ruidosa que intenta empujar al sector hacia el siglo XXI.


¿A qué se enfrenta el emprendedor PropTech en México?

1. Internet: infraestructura y datos

El pitch propone algoritmos sofisticados pero la realidad es que en muchas zonas del país estas tecnologías ni siquiera son conocidas. A eso súmale que no existe una gran base de datos confiable y unificada sobre precios de vivienda, historial de operaciones o calidades de inmuebles. Así es difícil hacer modelos predictivos. Termina siendo más un Excel con esteroides que machine learning de vanguardia.


2. Cada municipio tiene sus propias reglas

El mercado inmobiliario mexicano es un mosaico: uso de suelo, impuestos, compraventa y arrendamiento cambian de un estado a otro y a veces de un municipio a otro. Por lo tanto, lo que funciona en un modelo en un país o ciudad puede tropezar en el siguiente. Varias empresas extranjeras ya aprendieron, a punta de golpes, que copiar y pegar el modelo sin tropicalizarlo es receta segura para salir discretamente del país.


3. Confianza a la antigua

La cultura pesa. En México el negocio inmobiliario se mueve con relaciones personales, recomendaciones y cafés con el agente. Muchos propietarios y brokers siguen viendo las plataformas como algo “frío” o incluso como competencia directa. Y si a eso le sumas inmobiliarias que siguen operando con procedimientos manuales, es lógico que la adopción tecnológica avance, pero despacio, muy despacio.


4. El usuario final tampoco corre

Durante la pandemia todos hicimos visitas virtuales y firmamos cosas a distancia. Terminó la contingencia y buena parte del mercado regresó a las reuniones presenciales. Además, una parte importante de la población tiene un escaso conocimiento financiero y tecnológico, lo que hace que conceptos como crowdfunding, tokenización o plataformas de inversión inmobiliaria suenen más a ciencia ficción que a opciones reales.


Obstáculos del ecosistema emprendedor

Financiamiento

El dinero fácil se terminó. A diferencia de los años de pandemia, cuando el capital parecía fluir con solo mostrar un pitch atractivo, hoy los fondos de inversión y el venture capital están mirando hacia otros sectores con menor riesgo. La tendencia global se ha movido hacia inversiones más conservadoras y México no es la excepción.

Para complicar el panorama, gran parte del financiamiento que sí llega ya no viene en forma de capital sino de deuda. Y la deuda, a diferencia del capital, sale muy cara para emprendimientos en etapas tempranas. Aprieta la caja, obliga a recortar, a pivotar y a pensarlo dos veces antes de quemar efectivo para crecer.


Modelos de negocio con crisis de identidad

Hay startups que ni siquiera pueden explicar con claridad qué son o qué problema resuelven. Y no se trata solo de una impresión subjetiva. Un alto porcentaje de las startups fracasa porque no logra definir una propuesta de valor que realmente responda a una necesidad del mercado, y hasta el noventa por ciento desaparece en los primeros años. En el caso de las PropTech en América Latina, los estudios muestran que alrededor del setenta por ciento sigue en etapas tempranas, con estructuras pequeñas y modelos de negocio aún inmaduros, lo que refuerza esta falta de definición estratégica.


En ese contexto, la pregunta se vuelve inevitable. ¿Son un portal de anuncios, una inmobiliaria digital, una fintech o una mezcla poco clara de todo lo anterior? Esta indefinición termina confundiendo al usuario y encendiendo las alarmas del inversionista. Porque cuando el modelo de ingresos no está bien articulado y la identidad del negocio sigue en construcción, la confianza simplemente no llega.


Rentabilidad y escalabilidad

El dicho de “crece primero, ya luego vemos cómo generas dinero” ya no es aceptable. Hoy se piden modelos sostenibles, métricas definidas y evidencia de que el negocio puede crecer sin desfondarse. Sin ingresos recurrentes y escalables, las rondas de inversión se frenan y la fiesta se acaba rápido.


Regulación: el viejo mundo y el nuevo tratando de entenderse

La normativa inmobiliaria y notarial no fue pensada para un mundo digital. Muchos procesos siguen siendo 100% presenciales, algunas firmas digitales todavía no se aceptan para todo y las reglas de prevención de lavado añaden capas de complejidad. Ante eso, varias PropTech han optado por integrar notarías, aseguradoras y otros proveedores a sus procesos como parte del servicio que ofrecen.


Los casos mexicanos

Homie

La apuesta es simple: rentar sin tanta vuelta. Digitaliza contratos, verifica arrendatarios, gestiona cobros y mantenimiento, y opera ya en México, Chile y Perú con procesos bastante automatizados. Es una scale-up en plena expansión regional y, como suele ocurrir en esta etapa, la rentabilidad aún no es protagonista. Por ahora, todo apunta a seguir creciendo.

La Haus

Es el marketplace de vivienda nueva que busca hacer más sencillo el proceso de compra en México y Colombia. Utiliza algoritmos y análisis de datos para conectar a compradores con desarrolladores. Ha levantado capital relevante y se ha vuelto uno de los nombres grandes de la región. Su prioridad sigue siendo expandirse, no generar utilidades inmediatas.

Clau

Comenzó como iBuyer de vivienda usada, comprando rápido y revendiendo, pero terminó transformándose en un portal de listados gratuitos. El giro respondió a problemas operativos, experiencias negativas de usuarios y un modelo difícil de escalar. Hoy la empresa atraviesa una etapa de reinvención, todavía lejos de un camino claro hacia la rentabilidad.

Doorvel

Se presenta como el ecosistema integral para desarrolladores, brokers y agentes. Ofrece análisis, herramientas de IA para leads, CRM inmobiliario y servicios integrados como notaría, seguros y mudanzas. Ha ganado varios reconocimientos y es vista como una de las propuestas más sofisticadas del mercado mexicano. Se encuentra en fase de scale-up, construyendo aún su historial financiero público.

Tuhabi

Este jugador colombiano aterrizó en México con la promesa de liquidez inmediata para vivienda usada. Compra directamente a propietarios a través de valuaciones algorítmicas y respaldo institucional. Es un unicornio regional, aunque todavía trabaja para alcanzar una rentabilidad sostenida.


Entonces…

Las PropTech en México están atrapadas entre suficiente potencial para entusiasmar y suficientes fricciones para frustrar.

De un lado, pesan la falta de datos de calidad, la infraestructura desigual, la regulación rígida y una cultura inmobiliaria muy acostumbrada a lo tradicional. Del otro, empujan la profesionalización del sector, la digitalización de procesos, el uso serio de IA y analítica y la aparición de plataformas que realmente simplifican la vida a propietarios, inquilinos, brokers y desarrolladores.

La gran prueba será esta: construir productos bien tropicalizados, con modelos de negocio claros y números que cierren, sin perder la eficiencia operativa en el camino. Si lo logran, la tecnología dejará de ser el detalle bonito del pitch para convertirse, por fin, en la columna vertebral del negocio inmobiliario en México.

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